martes, 16 de octubre de 2012

El espejo de la crisis de Prisa para España.


A todos los que no entendemos de macroeconomía, ni de vivir por encima de nuestras posibilidades, ni a qué viene pagar con mis impuestos una deuda contraída por unos bancos privados que me cobran hasta por suspirar en una de sus cuentas corrientes, Maruja Torres nos ha aclarado en una entrevista qué es lo que ha motivado esta crisis, y lo ha hecho con sencillez, con dignidad, con valentía; porque hace falta ser valiente para contar la crisis que asola a su empresa, el Grupo Prisa.

Maruja Torres ha dicho: Cebrián quiso ser un tiburón de Wall Street pero era una sardinita que todo lo hizo mal. Se gastó cinco mil millones de euros jugando al capitalismo de casino, puliéndose todo el esfuerzo de los trabajadores.
 
¿Y qué hace después de esa locura el Sr. Cebrián? Lo lógico, en una democracia, en un país con ética, es que ese señor dimita, se esfume, abandone la dirección de esa empresa a la que ha llevado a la ruina por sus veleidades de bróker de medio pelo. Pero no. Este señor, con la empresa en plena crisis, se permitió cobrar el año pasado 13 millones de euros. Y no sólo eso, en un artículo del periódico Público, para justificar un ERE al que va a someter a su empresa por su atroz peripecia, se atreve a decir: No podemos seguir viviendo tan bien. Sí, habéis leído correctamente. No os indignéis, todavía.
¿Quién vive tan bien? ¿Él, que gana 13 millones de euros a pesar de que su empresa está en quiebra? ¿Los 150 trabajadores que va a despedir? ¿Los españoles que vamos a pagar con nuestros impuestos y nuestros derechos la estupidez de nuestros gobiernos? ¿Los políticos que cuando dejan el cargo son nombrados a dedo asesores de grandes empresas, que previamente han sido beneficiadas por sus decisiones, cobrando altísimos sueldos por un puesto para el que no están cualificados? Es decir, por no hacer nada.

Este ejemplo de lo que ha pasado en el Grupo Prisa, es un espejo de lo que ha ocurrido en España. Políticos corruptos, políticos con sueños faraónicos, banqueros y empresarios sin ética, apuntados a la economía del pelotazo, se han gastado lo que no teníamos. Han endeudado autonomías y ayuntamientos pensando que el dinero que pagamos todos, no es de nadie, y que tenían total libertad para gastarlo en lo que a ellos más les gusta: las obras monumentales, las grandes infraestructuras; con el propósito infantil de ser recordados como los grandes benefactores de su pueblo. Ya lo pagarán los que vengan detrás, las deudas se liquidan, las obras permanecen.

Al igual que el Sr. Cebrián, estos políticos no tienen la vergüenza de dimitir de sus cargos por su mala gestión económica, y lo que es peor, los políticos honrados, que seguro que los hay, no tienen la valentía de Maruja Torres para señalar a los causantes de tal desaguisado y apartarlos de la vida pública. Los encubren, los protegen con un sectarismo insultante, y entregan al pueblo atado de pies y manos a la ambición desmesurada del capitalismo salvaje de los llamados mercados.

Señores políticos, es el momento de dar un paso hacia delante, de olvidarse de los partidismos inútiles, de defender al corrupto porque es de los míos y ellos tienen más; los corruptos no defienden ninguna ideología, se aprovechan de ella para llenarse el bolsillo robándonos a todos. No piensen que recortando sueldos y derechos van a salir de este problema, lo único que están consiguiendo es acrecentar las desigualdades, crear de nuevo una lucha de clases, que el lema “Ellos o nosotros” se extienda como una consigna entre las familias expoliadas, familias que, cada día en mayor cantidad, están rozando el umbral de la pobreza. ¿Qué ocurrirá cuando la gente ya no tenga nada que perder?

La crisis tiene nombres y apellidos, y esos nombres deben ponerlos ustedes encima de la mesa, y regenerar esa casta de corruptos para recobrar medianamente la credibilidad que han perdido por culpa de su sectarismo.

“La mujer del Cesar no sólo tiene que ser honrada, además tiene que parecerlo”. Cuanto más se alejan los políticos de estas célebres palabras de Julio Cesar, más cerca estamos del derrumbe.