viernes, 1 de febrero de 2013

Cualquier Día


Cualquier día dejo fumar. 

Esta reflexión me vino a la mente entre unas toses inoportunas y un ¡Dios mío me ahogo! que me crujió el pecho. Así, sin una intención religiosa, aunque lo parezca, de reprocharme ciertos hábitos, comencé a repasar la lista de malas costumbres que debía abandonar, como por ejemplo mirarme en ese espejo traidor que me devuelve una cara con más bolsas que un supermercado en hora punta. Cambiar de horóscopo para ser siempre del mejor de la semana. Llamar cariño a todo el mundo porque no me acuerdo de sus nombres. Contar contigo cuando no sabes de números. Pensar en ti.

Cualquier día dejo de inventarme tu amor.

Pegar patadas a las piedras con zapatos de tacón sin calcular la distancia hasta casa. Llorar para sentirme mejor. Jugar al Apalabrado con gente que busca en internet las palabras. Creer que Steve Jobs era Dios. Seguir el vuelo de una mosca. Buscar pruebas de que Steve Jobs no era Dios. Coger nubes por si te encuentro. Quererte.

Cualquier día dejo de soñarte.

Leer a García Márquez en el reclinatorio. Morderme las uñas pensando que son tus venas. Hacer el amor hablando de la corrupción. Comer helados para consolarme. Vivir en una ciudad para no estar sola. Estar sola. Esperar que amanezca para no echarte de menos. Sentirte.

Cualquier día dejo de mirarte.

Escribir en tu piel que la soledad es fría. Lamentar que sea tan fría. Hacer el amor comiendo chocolate. Hacer el amor sin banda sonora. Hacer el amor a ciegas. Hacer el amor creyendo que lo que hago es el amor.

Cualquier día dejo de hacer el amor sin ti, y después dejo de fumar. Cualquier día.