sábado, 2 de febrero de 2013

Hay Personas Que No Creen En Ti


Hay personas que no creen en ti, pero yo te quiero.

Hay personas que no creen en ti porque no te conocen, yo tampoco, por eso te quiero.

Y decidida a que el mundo no te ignore por más tiempo, comencé a hablar de tus méritos con todo aquél que me encontraba. El lunes le conté a un barrendero que habías inventado las caricias y que te negaste a registrarlas en la propiedad intelectual para que fueran de dominio público; me miró con excesiva seriedad mientras recogía una papelera, pero su “¡Qué tío!” con el que zanjó la conversación, me hizo albergar esperanzas de que su opinión te apoyará favorablemente en el sector de la limpieza.

El martes a mi compañero de asiento en el metro le dije que susurras a la mañana cuando es noche cerrada y que madrugas para colocar un arco iris en las ventanas; tras anclar una sonrisa durante dos estaciones que se hicieron eternas, me contestó con acento rumano: yo buscar trabajo bonito como suyo, ayuda por favor, comprar comida para mis siete hijos. Antes de bajarme le di un paquete de profilácticos con sabor de fresa que te había comprado y un billete de cinco euros; por las desmesuradas genuflexiones que hizo acompañándome hasta la puerta del vagón, creo que, gracias a nuestra contribución para controlar su censo de natalidad, tenemos a la comunidad de emigrantes rumanos en el bolsillo.   

El miércoles, en una manifestación en contra de los desahucios, interrumpí a un antidisturbios, que golpeaba con profesionalidad a una anciana, para contarle que me has enseñado que el amor es un juego de miradas que siempre pierde el que gana. Él, sin cejar en su empeño de ahorrar una pensión a la administración, me contestó: ya, ya, quédate ahí que ahora te doy lo tuyo.

El jueves y el viernes estuve incomunicada en un calabozo de la comisaría, me acusaron de alteración del orden público, de insultos a la autoridad y de peligrosidad social. Me declaré culpable porque soy consciente de lo peligroso que es tu amor. Pero antes de que el sábado me dejaran en libertad con cargos, escribí otra de tus maravillosas frases en los muros del calabozo: una sonrisa ahuyenta los miedos y te regala el mundo.

Hay personas que no creen en ti, pero yo te quiero.