sábado, 12 de enero de 2013

Dos Letras Y Un Amor


Eran tiempos difíciles. El desamor había extendido los sutiles tentáculos del conformismo y ya nadie ansiaba enamorarse por temor a sufrir en los caminos que el amor proyectaba; la gente se comprometía sólo en relaciones de conveniencia: más o menos la misma posición social, los mismos ideales, un trabajo seguro, y cierta unanimidad con la aburrida idea de que la vida es una balsa que navega por un mar de años y que cuanto menos se agite, más tranquilos recorreremos los olas que diariamente nos envían hacia el futuro. Pero he aquí, que dos simples letras, una insignificante vocal y una arrogante consonante, iban a rebelarse contra el poder establecido. ¿Sorprendidos? Esperad a leer la historia porque en este momento acaba de comenzar.
                                 
                                  Érase una vez una  simpática y traviesa “a”, que formaba palabras con demasiada alegría para opinión de ciertas mayúsculas. No la perdonaban que se escapara por la noche de ciertas frases, dejándolas sin un significado claro: Me voy – dormir – l- c-m- que tengo sueño.
-. ¿Dónde está la “a”?- Protestó la siempre Mayestática   “M”.
-. Si se entera de que queremos dormir huye, pero seguro que vuelve con el amanecer – contestó la “e”, que era su amigo más cercano, intentando excusarle.
                                  Pero la “a” corría ya desenfrenadamente por el abecedario en busca de alguna aventura que le permitiera cumplir su sueño: Formar una palabra nueva.
                          Lo que no esperaba es que tras esquivar a una educada “P”, que paseaba aprovechando la clara noche estival, se iba a topar de frente con una preciosa “Z”. Nuestra pequeña “a” frenó en seco su carrera. Las estilizadas líneas de la “Z” le habían dejado sin respiración. Bueno, las estilizadas líneas y la fatiga por recorrerse veintisiete letras en apenas 5 segundos. Los entendidos como “¡Brrmmm!” aseguraron que había conseguido un nuevo record, puesto que “Rápido” tenía la anterior marca en 5’5 segundos. Pero “Rápido” alegó que no había sido cronometrado oficialmente y que él seguía teniendo el record del abecedario. Como esta historia no viene al caso seguiremos con la nuestra.
                 
                                   La “a” se atusó el pelo, escaso ya en una vocal de su edad y sus muchas líneas, y se acercó descuidadamente a la “Z”.

-. Hola.- Saludó con su voz más seductora - ¿Hemos formado alguna palabra antes?
-. Me parece que no.- Contestó la “Z” con cierta simpatía pero con un deje de altivez innato en una consonante.
-. Pues claro que no, si la hubiéramos formado, no me habrías olvidado.- “Z” no pudo evitar una sonrisa ante el descaro de la vocal, gesto que acrecentó a nuestro personaje hasta convertirlo momentáneamente en una A mayúscula.- ¿Y no te gustaría que la formásemos?
-. ¿No vas demasiado deprisa?
-. Si llevaras esperándome toda la vida como yo a ti, no te lo parecería.
-. Eso se lo dirás a todas las consonantes.
-. No lo niego, pero a ti te lo digo con el corazón.
            
                        “Z” se giró hacia “a” sin saber que decir. Era una vocal, había formado muchas palabras antes de llegar a ella, su relación no le convenía, pero había algo en sus ojos que le impedía marcharse.

-. ¿Y qué palabra formaríamos?- La pregunta salió sin querer de su boca.
-. Por ejemplo: Azahar. Huele tan bien como tú, aunque sus pétalos no son tan maravillosos como tus ojos.- “Z” sintió unas manos en su cintura y contuvo la respiración.- También podríamos formar Azabache, negra como la noche y brillante como tu piel; garza, estilizada como tus andares; o algo más ligero como: Zas. Pero una palabra tan corta nos obligaría a separarnos demasiado pronto y me impediría besarte.
-. ¿Quién te ha dicho que me vas a besar?
-. Tus labios. Me acaban de susurrar que han nacido para acariciar los míos.
                          “Z” no escuchó nada más; pero su elegante cuerpo zozobró cuando esas palabras le descubrieron paraísos desconocidos para ella.

                                  Al volver esa noche a casa, tenía la mirada perdida en un sueño que acababa de iniciar su andadura.
-. ¿Te ocurre algo, hija?- Le preguntó “X”, su madre, preocupada siempre por la felicidad de los suyos.- Te noto rara.
-. Mamá, he conocido a una vocal, si vieras lo simpática que es, estaba paseando y...
-. ¿¡Una Vocal!?- “W” como padre responsable que era no pudo evitar el grito.
-. Sí.- dijo “Z” un poco asustada.- Pero es muy buena, y me ha tratado con mucho cari...
-. Hija,-cortó la madre antes de que se le escapara algún comentario inconveniente- lo mejor es que te alejes de ella. Las vocales son vividoras, no paran de formar palabras. Tú debes buscar algo de tu estilo, por ejemplo la “Y”, siempre está a tu lado y acompaña con mucha educación a todas las frases.
-. Sí, mamá, pero...
-. Hija no te das cuenta de que os separan veinticinco letras.
-. ¡Y además es una vocal!- Insistió el padre frunciendo el ceño y dando por terminada la incipiente discusión.

                            “Azahar”, “Azahar”, ni la fragancia de la palabra, ni el recuerdo de sus risas dejaron dormir esa noche a “Z”.
                             Mientras tanto “a” volvía a casa más feliz que si hubiera formado la palabra Navidad. Esquivó a una “t” y estuvo a punto de tirarle el sombrero; se unió a una “L” y tararearon una vieja canción de los sesenta; se rió con una “j”; y formó la palabra amor para dos “ces” que caminaban muy acarameladas.

-. E, e, e. Despierta.- Golpeó en la espalda a su amigo con premura.- Necesito contarte una cosa
-. Tengo sueño, ya me lo contarás mañana.- Respondió “e” con un bostezo dibujado en la boca.
-. Imposible, mañana ya será tarde.
-. Por cierto, tienes a “M” muy enfadada por haberte larga...
-. ¡Me he enamorado!
                            “e” se quedó con la frase resbalando por la comisura de los labios.
-. ¿Otra vez?- Preguntó con un toque de aburrimiento.
-. No, otra vez no. Esta es la única vez. Si la vieras, tiene la mirada más profunda que el océano, los labios más dulces que el rocío de la mañana, la piel más delicada que...
-. Los pétalos de una orquídea.- Dijo “e” para terminar la frase.
-. ¿La conoces?- Preguntó asombrado de que supiera su definición.
-. Siempre es igual “a”. ¿Quién es?
-. Es ella, mi compañera, mi amor, la letra que me hará zalamerías cada amanecer, que zancajeará conmigo por el diccionario, que compartirá la felicidad que se zafará de nuestras risas, que arañará la escarcha...
-. Déjate de rollos cursis, ¿quién es?
-. “Z”.- Contestó y su mirada retrocedió hasta llegar al instante en que el destino los había presentado, el instante en el que su cruce de miradas le había convencido de que se encontraba ante la letra de su vida.
-. ¡“Z”!.- Graznó “e” apartando de un golpe el edredón que le cubría.- ¿Estás loco? Jamás la dejarán que viva contigo, es de otra clase, apenas forma palabras.
-. Ella me ama como yo. Nadie podrá separarnos.
-. Escúchame “a”, ¿no has pensado que es una consonante y mayúscula?
-. ¿Y qué? No se aman príncipes y plebeyas, elfos y gnomos, sirenas y hombres, ¿Por qué lo nuestro ha de ser diferente? ¿No serás racista?
-. Sabes que no, pero piensa en las cosas que vas a dejar atrás.
-. Nada, no dejaré nada porque ella para mí lo es todo.
  
                        “Azahar”, “Azahar”, y esa noche, pronunciando la palabra que los había unido, “a” encontró sentido a su ajetreada vida.
                           Al día siguiente, cuando la luz apenas había desenrollado sus persianas para iluminar la mañana, “a” esperaba a “Z” en el mismo lugar en dónde sus ojos se habían amado por primera vez. Tenía todas las sonrisas del mundo brotando de su regordeta cara, y apretaba contra su pecho un ramillete de palabras que había unido para ofrecérselas a su letra: Azahar, Azucena, Azalea, Azabache. Todas ellas amarradas con una pluma de garza que les daba mucha prestancia.
                                  Pero cuando “Z” surgió titubeante, entre dos fornidas “Kas” que la escoltaban por orden de sus padres, “a” sintió que el aire le devolvía una vieja historia de prejuicios y errores, una historia escrita de infelicidades y conformismo, una historia enmarcada por el desamor que reinaba en aquella oscura época.
                                  En vano fueron sus suplicas, imploró a su amor, a la felicidad que les aguardaba detrás de cada frase que formaran juntos, a que sus labios jamás olvidarían sus primera palabras, a que los sueños sólo pertenecen a los enamorados; todo fue inútil. “a” incapaz de balbucear algo más ocurrente que un “siempre te querré”, dejó que toda la intolerancia del mundo se agrupara en sus espaldas y se sintió tan cansado, que apenas pudo sujetar el ramillete de palabras que había reunido, y que ahora, se deslizaban por el suelo. Azahar, Azucena, Azalea y Azabache se arrastraban penosamente por una acera gélida y distante, empujadas por los estúpidos vientos del conformismo.
                                  “Z” bajó la mirada en ese momento para observar como su sueño, Azahar, era pisoteado con indiferencia por otras palabras ajenas a sus sentimientos: obligación, deber, conformismo. Los pétalos se ennegrecieron de incomprensión y un lodo de rencor fue cubriendo el tallo palmo a palmo.
                                  Cuando levantó la cabeza “Y” estaba a su lado, respetuoso, educado, dispuesto a acompañarla a cualquier término, sin duda era el marido ideal para sus padres, lo que a ella le convenía. Pero a pesar de su proximidad, se sintió tan sola sin “a”, sin sueño, sin amor, que echó a correr con la esperanza de que no fuera demasiado tarde. “X” y “W” la llamaron consternados pero sus oídos estaban ocupados por una palabra: Azahar, Azahar, Azahar.
                                  No es imprescindible narraros que “Z” y “a” se encontraron unas líneas más allá, y que el abrazo que se dieron entró en el libro Guinnes por ser el abrazo que más amor desprendió en menos tiempo, pero si es necesario que os cuente que a partir de su huida hubo una conmoción en el abecedario.

                                  Sin lA “a” y lA “Z” lAs frAses empezAron A dudAr de su construcción. No cAbe dudA de que su pérdidA restAbA plenitud A todAs lAs demÁs. “X” y “W”, como pAdres ofendidos, dudAbAn en perdonAr lA locurA de su hijA, pero “Y”, zAherido en su orgullo, pregonAbA A los cuAtro vientos y A lAs cinco tormentAs, que hAbíA que respetAr su expulsión del AbecedArio pArA que no cundierA el ejemplo.
-. ¿¡Qué serÁ de lAs enciclopediAs si todos formAmos lAs pAlAbrAs que se nos AntojAn y con quien nos dA lA gAnA!? – ProtestAbA con rencor- AdemÁs, con lA “A” mAyúsculA nos ArreglAmos muy bien.

                                  El tiempo fue pAsAndo entre dimes y diretes, y el senAdo de lAs consonAntes no tuvo mÁs remedio que intervenir en el escÁndAlo. El presidente,  don “Ñ”, que erA unA letrA muy estimAdA por su pAtriotismo pero Algo hurAñA, les llAmó Al orden.
-. No podemos estAr mÁs tiempo sin lA “A” minúsculA por unA cuestión de orgullo. LA “A” mAyúsculA se encuentrA AgotAdA y hoy mismo me hA pedido lA bAjA. Y mÁs sAbiendo los últimos rumores que corren por el AlfAbeto.
Esto último lo comentó AtusÁndose lA cejA que le cubríA el rostro de lAdo A lAdo. “W” se tApó los oídos, no queríA escuchAr mÁs frivolidAdes, pero “X”, mÁs vAliente que él, no en vAno unA mAdre siempre es unA mAdre, dejó que “Ñ” se lo contara: hAbíAn sido Abuelos.
                                  Efectivamente, “Z” y “a” hAbíAn sido pAdres de unA hermosA zetillA, que correteAbA por entre lAs vocAles dispuestA A formAr pAlAbrAs divertidAs A lA menor oportunidAd; lA que mÁs le gustAbA erA: zAscAndil. Según los entendidos, hAbíA heredado lA bellezA de lA mAdre y lA simpAtíA del padre, restA decir que erA unA niñA Adorable.
                           TrAs oír esto, “X” no pudo resistir mÁs lA distAnciA que lA sepArAbA de su hijA y decidió pedirle que volvierA A cAsA cuAnto Antes. “W” se dejó llevAr por lA influenciA del senado y exclamó que si erA por el bien del AbecedArio, estAbA dispuesto A reanudAr lAs relAciones.
                                Cuenta la leyenda, que la pequeña brecha que “Z” y “a” abrieron con su amor, se fue agrandando hasta límites insospechados, y paulatinamente el abecedario se vio repleto de amor, bondad y tolerancia, a pesar de que, desde ese día, “Y” sólo quería tener tratos con las copulativas. Pero lo importante fue que el viejo desamor tuvo que emigrar a tierras más fértiles para sus arteros proyectos.

                                  Y colorín colorado este cuento se ha... Ah, se me olvidaba, si no crees que una “Z” y una “a” puedan enamorarse eternamente, sólo tienes que repetir sin tregua pero con calma la palabra “Azahar”, y cuando sientas el calor de... bueno, pero ésta ya es otra historia.