sábado, 4 de mayo de 2013

Se Me Han Suicidado Dos Versos


Se me han suicidado dos versos. 

Se negaron a reflejar sentimientos con sus palabras que no fueran destinados a tu amor. Según una “m”, a la que intenté hacer el boca a boca antes de que completara con acierto la palabra “muero”,  se habían enamorado de ti. El amor es tan inexplicable, ¿qué te voy a contar que tú no sientas? Eran dos versos breves, diríase que escuetos, pero muy hermosos. Rezaban así:


Siento que no puedas verlos, pero la mortaja ya impide su lectura. Incluso el amor se descompone con el tiempo y las miradas furtivas; deja de mirarlos, siempre fueron coquetos y seguro que preferirían que los recordaras como eran en el folio: alegres, tímidos  y fieles hasta en los secretos.
Antes de saltar del ordenador al vacío, esparciendo sus letras enamoradas pero moribundas por las frías baldosas del olvido, me habían escrito una frase de despedida:

Sin ella hemos perdido la luna.

Tú eras su luna, tan lejana como bella. Solían recitarse por la noche, cuando soñaban tu reflejo en la pantalla. En su memoria, y sin recrearme para no enturbiar horas ajenas, déjame despedirlos con su brevedad pero con mi cariño. Déjame amarlos en la eternidad de una noche, de una tarde, de un suspiro, de un te quiero. Déjame ahogar su ausencia en este calendario con doce meses de enero.

Se me han suicidado dos versos, de repente, en la levedad de un parpadeo.