viernes, 13 de diciembre de 2013

Quiero morirte.


Venía con un horizonte sesgado
y dos venas a punto de exiliarse.
Ahora, descalzo de sombras,
voy dando tajos en los verbos
que no conjugan tus ojos.
Qué lejano está el pasado
en la distancia de un naipe
trucado con la necesidad
de respirarte.

Me entras por la sangre,
por la cojera del alma
que ansía ser arañazo
y despeñarse en tu cuello,
por la avidez de tus rodillas
ciñéndose a mi locura.
Quiero morirte,
morirte esponjando en mi boca
el meñique no nacido
que te lanza al placer.
Quiero morirte  
en el disparo de este deseo
que me arroja de bruces
a la sumisión en tu pecho.
Morirte iluminando el cuerpo
que se deshace en universos
tan blancos que la nieve se extingue.
Y en la cálida resaca de tu voz
morirte,
morirte amando el clamor
de ese mar desnudo que bate en mi carne.


Aunque Bukowski me acuse
de ser un pájaro azul
que asesina cisnes en primavera,
quiero morirte.