jueves, 26 de diciembre de 2013

Perdona.


En este invierno que no seduce
recuerdo cómo hundías tu mano
en mi corazón abierto y sin heridas
cuando la tarde sólo era pretexto.
En este invierno que no seduce
las hormigas te ocultan para que el frío
no escarche tu rostro en la hierba aterida
y pueda besarte en el musgo del sauce
cuando la tarde ya sólo es memoria.
En este invierno que no seduce
no te busco en la luz de las estrellas,
ni en los pájaros que enlazaron nuestras piernas
cuando tu voz amaba en mi boca
y la tarde se hacía sueño.

Ya no te persigo en los vientos
que sembraron de cristales las caricias,
ni en el crepúsculo de una mejilla
que se extiende para imitar tu pecho
cuando la tarde es delirio en tu ausencia.

Perdona que no necesite ni silencio
para hallarte en mí.