lunes, 1 de abril de 2013

La Historia Se Repite


Todos los años por estas fechas, me gusta sentarme frente al televisor y deleitarme con las películas religiosas o épicas que emiten. No lo hago por conservar una tradición católica, ni porque me guste especialmente ese tipo de cine, sino por comprobar un año tras otro si la historia se repite. Sí, lo que habéis leído. Quiero saber de primera mano si hemos aprendido la lección. ¿No os parece sospechoso que en Ben Hur todos los años sea Charlton Heston quien gane la carrera de cuadrigas? Para mí que esa competición está amañada. Por muy amigo del rifle que seas, ganar durante cincuenta años es imposible, que se lo pregunten al Real Madrid. Entre nosotros, el malvado Mesala cada día me cae mejor, y no es porque su amante enemigo Ben Hur, un hijo de papá que se hace todos los años más rico gracias a un esclavo, trunque su brillante carrera como militar y político sin escrúpulos, sino por mi natural tendencia a ponerme del lado de los perdedores. Podéis llamarme ingenuo, infantil, incluso loco, los tres adjetivos me encajan a la perfección.

Pero donde mi obsesión se convierte en paranoia es cuando se trata de un film sobre Jesús de Nazaret. ¿Qué nos ocurre? ¿Nos hemos vuelto unos psicópatas? ¿Qué extraña mente posee el ser humano para tropezar 2013 veces en la misma piedra?  Yo me siento en el sofá tranquilo, sosegado, convencido de que ese año no crucificarán a Jesús, de que Caifás habrá aprendido la lección y se olvidará de sus egoísmos partidistas, de que el pueblo no lo traicionará, de que Poncio Pilato, por fin, hará caso a su mujer y no se lavará las manos mirando para otra parte, incluso de que los legionarios romanos se plantarán ante las órdenes y se negarán a torturarle con los cuarenta latigazos de rigor y la crucifixión postrera.
Algunas veces, he llegado a rebobinar la película para ver si en un segundo pase se daban cuenta del vil asesinato que estaban cometiendo y reconsideraban su actitud; la he parado en un fotograma ansiando que se les entumeciera el brazo en el alto y no descargaran el golpe; les he gritado y hasta insultado, reconozco que soy un poco vehemente. Pero mis esfuerzos siempre han sido inútiles, los latigazos le vuelven a destrozar con inusitada violencia, le siguen colocando la corona de espinas, lo clavan en la cruz con sadismo, riéndose de su amor, mofándose del mensaje de paz que, escasos minutos antes, celebraban entusiasmados con su entrada triunfal en Jerusalén. 

Este año, tras ver La Biblia, una producción nueva que cumple ampliamente con la tradición, es decir, es mucho peor que todas las películas anteriores sobre el tema, eché de menos no ser un personaje de Woody Allen para poder entrar en la pantalla y hacerles partícipes de la profunda angustia que provocará su error a la humanidad durante toda la historia.

 Os confieso que ya no confío en que los sacerdotes del sanedrín recobren la cordura y dejen de aferrarse a los puestos de poder, (vivo en España), ni siquiera en que el prefecto romano decida no humillar con sus abusivos impuestos a los israelitas, (sufro la política imperialista de Merkel) pero sigo manteniendo la esperanza intacta de que en una película, en cualquier semana santa, el pueblo judío y los legionarios, ante la sorpresa de los poderes establecidos y de los que estamos frente al televisor,  se unan para cambiar el curso de la historia, para mostrarnos que la dignidad del ser humano debe prevalecer ante la insaciable avaricia de los amos del mundo, para enseñarnos que la voluntad de los pueblos siempre es más fuerte que el oro de unos miserables.

Cuando eso suceda, y permitidme que no pierda la esperanza,  no tendremos miedo al futuro, podremos mirarnos a los ojos sin avergonzarnos y creeremos más en nosotros mismos.

Cuando eso suceda, la historia nunca volverá a repetirse porque seremos dueños de nuestro destino.

P.D. Mi felicitación a todos los compañeros que han trabajado en La Biblia por su excelente trabajo. Ellos sí que se tienen ganado el cielo.