sábado, 2 de marzo de 2013

He Tatuado Tu Rostro En Mi Sombra



He tatuado tu rostro en mi sombra, por si la memoria olvida tu nombre.

Los daikiri son tan peligrosos en verano que Hemingway aún sigue preguntándose por quién doblan las campanas,  cuando  yo jamás he preguntado por qué estás ahí, a mi lado. Será amor. Un amor que se ofrece como descanso, como compañero de viaje hacia ese reino en donde las nubes no se acuestan por la noche, en donde no hay unicornios porque no los necesitamos, pero sí besos de espuma, y caracolas de bronce, y tus brazos recogen girones de viento que me acunan al atardecer cuando la libertad se entretiene en tu cuerpo, igual que yo.    

He tatuado tu rostro en mi sombra, por si la memoria olvida tu nombre.

Grita conmigo para abandonar su cielo, un cielo que mientras nos roba los sueños se ha olvidado de amanecer, en donde los océanos se niegan a despertar y la pasión se ha convertido en metáfora. Un cielo que no tolera que cada día me regales nuevos universos en tus ojos.  

He tatuado tu rostro en mi sombra porque cuando miro a mi alrededor, siempre estás tú.