lunes, 4 de marzo de 2013

Las Olas Y Las Personas


Desconozco si las olas son amigas o simplemente transitan juntas por obligación. Supongo que algunas no se dirigirán ni la espuma y otras tendrán una relación húmeda. Las hay que avanzan hacia la playa con una cadencia suave, incluso cariñosa, que te saludan con mimo dispuestas a hacerte el baño más agradable. Pero también las hay orgullosas, dominantes, esas que rompen contra tu espalda y te sumergen con sus brazos arremolinados para demostrarte que en su seno mandan ellas. Las hay traidoras, olas que se esconden en la resaca y te golpean cuando estás luciendo un cuerpo cincelado con bollería camino de la toalla; y corruptas, en su interior esconden sobres llenos de algas, comisiones de alquitrán y restos de preferentes marineros,  que te echan a la cara porque saben que su final está cerca y no hay marea que las rescate. Después están las olas guarrillas, que te rodean fingiendo amor y de repente descubres en su espalda un preservativo que ha naufragado en una aventura ajena a tu piel, o una compresa decidida a absorber líquidos sin tanto linaje, o un bulto sospechoso flotando amenazador, y que lo mismo puede ser la aleta de un tiburón que el descanso de un estreñido, en cualquier caso te obliga a salir corriendo y a pensarte dos veces lo de volver a esa playa. He dejado para el final  mis preferidas,  las olas alegres, esas que navegan hacia ti sin rubor, sin esconderse, sin necesidad de presumir; olas que te permiten saltar divertido hacia su cresta y luego se arremansan con dulzura en tus muslos confirmando que ha sido una experiencia tan deseada como maravillosa. 
  
Las personas somos totalmente diferentes a las… esperad, dejadme un segundo.

Pensándolo bien, qué cara de marejadilla se os está poniendo.