sábado, 23 de marzo de 2013

Tu Amor No Me Llega A Fin De Mes


Entre la hipoteca de tus caricias y las escasas propinas de tu cariño, he llegado a la triste realidad de que tu amor no me llega a fin de mes. A pesar de que busque en el monedero algún beso guardado tras un momento de felicidad, siempre me encuentro mendigando un trozo de sentimiento que alivie la penuria de tu interés.
Ayer me sorprendí mordisqueando un “te quiero” ya duro que me soltaste el día tres. Con sinceridad, estaba rancio. Para esta noche había reservado un “mañana lo hacemos”; no porque lo dijeras con pasión, ya que aprovechaste un bostezo para que el aire lo trajera hasta mí, sino porque implica una promesa. Soy tan infantil que aún creo que las promesas se hacen para cumplirlas.

Dicen los entendidos que el hambre de amor adelgaza el corazón. Y como no soporto la estricta dieta que me impones, te he hecho la maleta con todo lo que me has entregado estos años. No te preocupes, pesa poco. La generosidad no es una cualidad en la que destaques y tú, cada día, te pareces más a la prestación por desempleo: siempre eres insuficiente. Te he metido un cepillo de dientes, un par de mudas y un “mi vida empieza contigo” que pronunciaste con lengua de trapo por los cinco mojitos que te habías tomado en aquella playa del Caribe. Qué diferentes somos, ahora mi vida empieza sin ti. Te prometo que no lo voy a sentir, y yo sí cumplo mis promesas.

Tu amor no me llega a fin de mes.

P.D. Llama a tu hermana que te has quedado huérfano. ¡Vaya día, hijo!