lunes, 19 de noviembre de 2012

El Presidente Más Pobre Del Mundo


“No estamos en una crisis económica, sino en una crisis política, porque debemos gobernar el mercado, y no estar gobernados por el mercado. Me hago una pregunta: ¿Es posible hablar de solidaridad en una sociedad que está basada en la competencia despiadada? Debemos revisar nuestra forma de vivir. El desarrollo no puede ser en contra de la felicidad, debe ser a favor de la felicidad, del amor, de las relaciones humanas, de cuidar a nuestros hijos. Cuando luchamos  por el medio ambiente, el primer elemento del medio ambiente se llama: la felicidad humana”.
Estas palabras las pronunció el presidente de Uruguay José Mujica en la conferencia multinacional de Brasil, en un valiente discurso contra el consumismo. José Mujica, considerado como el Presidente de Gobierno más pobre del mundo, no predica con palabras demagógicas sino con el ejemplo: dona el 90% de su salario (aproximadamente 12.000 dólares) a obras de caridad y a empresarios emprendedores que buscan financiación para su negocio.  "Con ese dinero me alcanza, y me tiene que alcanzar porque hay otros uruguayos que viven con mucho menos".
En la declaración de bienes del año 2010, quedaba reflejada toda su fortuna: 1.800 dólares. De acuerdo a la última declaración jurada que presentó a la Junta de Transparencia y Ética Pública, Mujica sólo es dueño de un coche, vive en una chacra (Granja), ya que se negó a alojarse en el palacio presidencial, que figura a nombre de su compañera, la senadora Topolansky, quien también dona parte de su salario. Sin cuentas bancarias, sin deudas, el hombre dice dormir tranquilo, y asegura que espera culminar su mandato para descansar, más tranquilo si cabe.
Me llaman el presidente más pobre pero no me siento pobre. Las personas pobres son aquellas que solo trabajan para intentar mantener un estilo de vida caro y siempre quieren más y más”. Mujica afirma que la austeridad es parte de una "lucha por la libertad" y añadió en una entrevista a la BBC  "No tengo religión, pero soy casi panteísta: admiro la naturaleza. La admiro casi como quien admira la magia".
Según encuestas recientes, la popularidad de Mujica ha caído por debajo del 50% y la aprobación de su desempeño como presidente es menor al 40%; para la mayoría de los uruguayos la austeridad no es un pasaje directo a la aprobación. Nadie es profeta en su tierra, pero sin duda, José Mujica, es un espejo en el que deberían mirarse los gobernantes que despilfarran el dinero de los ciudadanos, esos gobernantes que, con la excusa de calmar la avaricia de los mercados, hunden a sus pueblos en un caos sin futuro, olvidándose de que han sido elegidos por esas mismas personas a las que están robando ahorros e ilusiones, que esos desahuciados, parados, jubilados y trabajadores en precario que ellos desprecian en sus medidas, son los que costean con un esfuerzo agotador sus indignantes prebendas. Y yo me pregunto, ¿Hasta cuándo?
Don José Mujica, simplemente, gracias.