martes, 4 de diciembre de 2012

El Ladrón y La Luna


El ladrón se llevó todo a lo que pudo echar mano. No había mucho en la celda del monje, pero siempre encontraría alguna ropilla, algún objeto, un cuenco limpio o un bastón firme, y eso se llevó el profesional del bolsillo ajeno al amparo de la noche cómplice. El monje, alerta siempre a los ruidos de la existencia, despertó a tiempo para ver la sombra sigilosa y comprender el despojo doméstico al que había sido sometido. Notó las ausencias, pero miró por la ventana  y sonrió al ver que su posesión más valiosa estaba intacta. La luna blanca seguía luciendo en el telón de la noche. El monje se dio media vuelta en su rincón y siguió durmiendo. Sus riquezas estaban a salvo.

 “Al ladrón se le había olvidado la luna en la ventana.”

                          Carlos G. Valles.