jueves, 5 de septiembre de 2013

Qué no daría


Qué no daría
por alcanzar el vuelo de esos ojos
que sin mirar, miran los míos.
Qué no daría
por ser la luz de tu desnudo
y besar el muro ciego
con la pluma de un gemido.
Por ser sonrisa en tu sonrisa
cuando el musgo se contrae
y dibuja mapas de tesoros
en los codos dormidos de las nubes.
Qué no daría
por volver a conocerte,
por conocerte como si no te conociera
como esa tormenta
que desde siglos nos sorprende
con sus pezones de agua caprichosos
y desde siglos la creemos nueva.

Qué no daría
por ser mano en tu camino
y no aguardarte al final del verso.