domingo, 1 de septiembre de 2013

¿Me escuchas?


Traficar con palabras debería castigarse
con amarte hasta en el infierno,
a pesar del infierno que ya supone amarte,
o con sobrevivir en este mundo
de paredes impermeables
que se pegan a los sentimientos
como alquitrán.
Alquitrán licuado esparciendo por los huesos
tres manos de insensibilidad
para no llorar en la frontera de cemento
que crea callo contra el dolor ajeno…
me parece que me he perdido.
Comienzo.
Traficar con palabras debería castigarse
con amarte hasta en el infierno,
a pesar del infierno que ya supone amarte,
juegas a plantar arrugas en la mañana
que en tu ausencia cae espesa
sobre los hombros de las nubes…
¿¡Me escuchas!?
Siento que nadie me escucha
que mi voz triturada
llueve como granos de polen,
afónicos,
la gente
aparta mis silabas de un manotazo
y no impiden
que el mundo salga de viaje
hacia el destino
que proponen los amos.
¿Qué estoy diciendo?
¡Me vuelves loco!
Comienzo.
Traficar con palabras debería castigarse
con amarte hasta en el infierno,
a pesar del infierno que ya supone amarte,
me agota arañar tu foto
para despreciarte
sin que sepas que te desprecio,
me agota buscar tu boca
entre las alas de los pájaros
porque sólo en ella respiro,
sólo en ella vuelo por los pasillos
que aún no han comprado
esa tribu de iluminados
que pretenden asustarnos
con la telaraña de su dinero,
ignorando que somos más
que somos todos
que de un plumazo
quebraremos sus cráneos de oro
y el aire volverá…
 a…
¡Espera! ¡Espera!

¿Qué me está ocurriendo?
¿Comienzo?
Traficar con palabras…
¿Ya tienes cobertura?
Sólo quería decirte...
no tardes
te quiero.