martes, 17 de septiembre de 2013

FRÁGIL

La noche había entrado con el cartel de fin colgando del filo inferior de la luna creciente; las estrellas estaban de vacaciones, tampoco las necesitaba, nunca se sintió a gusto actuando con público. De fondo se escuchaba la sonata para cello número 1 de Myaskovsky. El llanto del cello le apasionaba, casi tanto como el suyo. Se tendió en la cama con los ojos fijos en una lámpara que no mostraba un deseo desmedido por aportarle conversación, hacía tiempo que no la encendía, hacía tiempo que sus labios sólo trabajaban para unos buenos días o para un hola desmayado al paso de alguna vecina, hacía tiempo de tantas cosas que no se lo pensó más. Abrió el tubo de somníferos y dejó caer con suavidad unas treinta pastillas en la palma de su mano. El cello lanzó un alarido angustioso. Era el momento perfecto. Se echó las pastillas a la boca con energía pero en la preparación de la escena se le había olvidado el vaso de agua en la encimera de la cocina. Nunca había tragado bien los medicamentos sin su ayuda, ni los medicamentos ni las relaciones personales con su entorno. Haciendo esfuerzos para mantenerlas en la boca llegó hasta la cocina y cogió el vaso. Justo cuando se lo llevaba a los labios sonó el teléfono. En el movimiento de frenar, un par de pastillas saltaron al suelo iniciando una breve carrera. Ni pensaba ni podía contestar con la boca llena y esperó a que se conectara el contestador. Si le dejaba un mensaje sería la última voz que escuchara antes de acabar con la inutilidad dolorosa que le aportaban sus días.

.- Te quiero. Perdóname.

La mandíbula se le desencajó hasta las rodillas, salió corriendo hacia el teléfono escupiendo como podía las pastillas.

.- ¿Sí? ¿Oiga?
.- María, ¿Eres tú?
.- No, se ha confundido.
.- Lo siento.
.- Disculpe – dijo escupiendo la última pastilla sobre la alfombra - ¿Le importaría repetir lo que ha dicho antes?
.- Te quiero. Perdóname.

Hacía tanto tiempo que no escuchaba un te quiero que se echó a reír.

.- Gracias – musitó al colgar.

El cello lanzó un suspiro final conmovedor. Ella lo acompañó, como siempre.