domingo, 16 de junio de 2013

Hablar Con Cadáveres Resulta Agotador


Hablar con cadáveres resulta agotador
se agarran a unas buenas noches
para confesarte sus deudas de amor.
Yo, que siempre he sido de pies descalzos
y me duele hasta la piel de los zapatos,
suelo invitarles a un trago largo de ron.
Los muertos no resucitan con el alcohol
pero con una copa se acodan en la sepultura
para ver desfilar huesos más afortunados.
Creedme,  no pretendo ser exagerado,
entre fémures y tibias adquieren soltura
para narrar con detalle sus amores fracasados,
y alabar el sensual paseo de un coxis fracturado
es el inicio de sentir en tus huesos la locura
de haber fallecido y continuar enamorado.

Hablar con cadáveres resulta agotador,
relegarán el nombre de sus verdugos
la firma cruel que los mandó al paro
incluso la voz agria de su antiguo amo,
pero jamás olvidarán aquel beso negado,
la caricia
convertida por el viento en arañazo
los ojos
nublados por otro canalla braguetero
la luna
que les hizo añicos en un mes de enero
la tarde
que sonreía esquivando su abrazo
las sábanas
en las que fue bendecido por labios embusteros
el adiós
que le cruzó la cara como un latigazo.

Hablar con cadáveres resulta agotador,
nunca asistas a fiestas en el cementerio
si aún sigues creyendo en el misterio
de desvelar los arcanos ocultos del amor.