viernes, 25 de abril de 2014

La virginidad del cristal


Voy buscando un paisaje
donde apoyar mi voz,
un paisaje que sepa y olvide,
transparente en la cercanía de esa mano
que entrega un seno con certeza de ternura.
Quizá hallaría suficiente
en el desorden de una lámina,
una lámina tan vivida en sus vértices
como labios en mis versos,
y con una arruga o cicatriz
pulida por la ambición de un dedo
hasta hacerse seda en el roce.
O quizá pueda apoyarla en otra vida
en un trozo de vida desmigada,
sin esencias urgentes,
que no aguarde cielos
en la virginidad del cristal,
que los perciba en el vaivén de un sentimiento
incluso en la duda que le estrechará las palabras
cuando desvele que es su rostro
el paisaje donde deseo apoyar mi voz.