domingo, 15 de noviembre de 2015

Una mujer a quien amar


Permíteme un asombro
un caracol en el rostro que sorprende
He ahí una mujer a quien amar
-proclama un brillo una sangre
quizá un sueño-
                            Así,
sin acabarse el mundo
mi pecho se abre en lumbres
                          y ama,
abrázame mientras escribo.
¿Qué palabra o cometa
transformará el iceberg más hermoso
en dos cuerpos que nunca se miran desde la espalda?
Dime, mujer a quien amar, pero abrázame
¿qué cristal o acero –mágico por la longitud de un beso-
lucirá esa tibieza de la carne
que un ruiseñor convierte en seda?
Y en este azar -que último presiento-
donde soy tan joven como una flor que delira con sus colores
dime, mujer a quien amar,
si estás pensada para soñar en mis ojos.