domingo, 8 de febrero de 2015

CANTO III - (DEL AMOR Y OTROS UNIVERSOS)


Qué confusión de reflejos la vida.
Yo estoy vivo porque he muerto y observo,
con mis labios atrapo mariposas a la deriva
y cuelgo mi alma blanca en los álamos gigantes,
blancos también,
y se balancea con una sonrisa arrolladora
hermosa como un mar sin límites
o como un diente que brilla en la despedida
consciente de que volverá siendo beso.
A veces os miro y siempre amo.
Me visto de magnolias
en el primer temblor de la tarde
cuando los mirlos beben de mis ojos
aquella vuestra lágrima que nos hizo frontera.
Sois mi reflejo
la prolongación del brazo que no alcanza
el grito dado por el insomnio de los barcos
la utopía con melocotones dulces en las axilas
el violín sin cuerdas que sólo toca silencios.
Sois así en mí porque yo lo soy,  o quizá lo fui.
ahora estoy vivo porque he muerto y observo.

Recuerdo la voz de quien por derecho habla
que con la boca llena de cielos dijo:
-. “El  amor es ausencia de oscuridad”.
Con qué insensatez se enjaularon luciérnagas
y bombillas tan blancas como mi alma en los álamos,
los cuerpos se erguían quemando bosques
desde los polos aún sin geografía a la tierra prometida.
La oscuridad es un pensamiento del que nace la luz.
Pensar es doloroso, y entre cenizas y luciérnagas exhaustas
dictaron que la noche sólo era para dormir.

-. “El amor es ausencia”.
Matizó con cien auroras en la frente
la voz de quien por derecho calla,
y los hombres se ausentaron.
 El semejante ya no fue reflejo sino muchedumbre.
Se crearon países como mundos.
Las piedras insumisas sólo hablan desde la herida,
no hay reposo en las ojivas ciegas que juzgan al ojo
y las campanas, incesantes de cañones,
tañen con sangre los escombros del cielo ignoto.
Cuánta desolación en el gozne de una ventana abandonada.

Sois mi reflejo
eternidad en la selva extensa de una mirada,
dulces de seno a seno
cuando el amante desordena los cabellos desde el ombligo,
bellos de olas que no olvidan el recuerdo del río.
Yo en el verso llegué,
y en él me quedo,
fui vosotros, lo sé porque ahora soy.
Desierta declaro la historia de mi nombre
y en la quietud sin forma, callo.
Qué grandeza la del olivo que no aguarda, es.

Estoy vivo porque he muerto y acepto.
El amor es ausencia de uno.