jueves, 8 de enero de 2015

Cuando yo era tiempo y no sombra


Ciérrame los días creyendo en mí
o con el tal vez de una promesa
que posea palabras aún verdes,
palabras tan hermosas de garganta
como la selva que brota por un temblor.
Qué sola sin sueños el alma.
Recuerdo cada cansancio de este pie
cuando yo era tiempo y no sombra,
cuando vivía las horas hasta el final de los siglos
y la fiebre de un dedo acudía a mi piel
para escuchar los pulsos del acantilado
haciendo sendero en mi aliento.
Qué sola sin sueños el alma que asoma. 
Ciérrame con el cuerpo a cuerpo de un beso
hasta que los ojos sean mares
y mares tu presencia,
hasta que el grito llame al nombre
y abierto de boca el otoño
olvide que soy largo en soledades.

El mundo se va, en silencio se ha ido,
nunca imaginé que tuviera tan pocos versos.